La democracia, un arma de doble filo

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La democracia, un arma de doble filo

Mensaje por Asoen el Jue Sep 06, 2012 12:25 pm

La democracia es un concepto al que frecuentemente se hace referencia, al que de manera constante aluden todo tipo de personas y organizaciones. No pocos partidos políticos, asociaciones y organizaciones de todo tipo incluyen el término democracia en su nombre: Unión, Progreso y Democracia; Democracia Nacional; Sociedad Civil y Democracia; Jueces para la Democracia; Democracia Real Ya… son sólo algunos ejemplos. No en pocas ocasiones se representa la democracia como algo sagrado, como el gran pilar sobre el que se asienta la civilización y sin el cual ésta se desmoronaría sumiéndose en una cruel barbarie. También es muy frecuente que alguien aluda a la democracia para justificar su posición sobre cualquier asunto, adjudicándole el adjetivo de “democrático”, y por el contrario denominando “antidemocrático” a aquello con lo que no está de acuerdo en un intento de desprestigiar la posición contraria de aquella que él defiende. Incluso esas propias personas se autocalifican como “demócratas” mientras que califican de “antidemócratas” a quienes defiendes tesis opuestas a las suyas.


La democracia

Pero, ¿en qué consiste exactamente la democracia? Se dice que es una forma de gobernar, un sistema político caracterizado porque el poder no lo tiene una única persona o una minoría sino que recae en “el pueblo” entendido éste como la población en general de un determinado territorio. En un sentido más amplio, podemos decir que la democracia es un modo de adoptar decisiones. Al fin y al cabo, ¿qué es gobernar sino adoptar un tipo de decisiones que son de obligado cumplimiento en un área geográfica delimitada?¿Y qué es lo que caracteriza a dicho modo de adopción de decisiones que denominamos democracia? Su característica es que cada miembro de los que han de adoptar la decisión escoge su opción, y la opción que más veces haya sido elegida es que se adopta. En esto consiste el método democrático, admitiendo luego ligeras variaciones como por ejemplo no computar el número de votos a cada opción según la personas físicas que los emitan sino en proporción al dinero aportado por cada una de ellas (como sucede por ejemplo en las sociedades de capital), pero siendo siempre el principio básico el mismo. Es por ello que la democracia sólo tiene sentido cuando una decisión afecta a un grupo de personas, todos tomamos constantemente decisiones de manera individual, sin embargo ahí la democracia como modo de adoptar las decisiones no tiene cabida.

Mas no acaba aquí la cosa, sino que es preciso realizar una puntualización más: hay que distinguir entre una decisión que afecta a un conjunto de personas y que no puede ser dividida en modo alguno y entre una decisión que pudiendo afectar a un conjunto de personas puede ser dividida en tantas decisiones individuales como personas haya. Esta distinción es fundamental, porque mientras que para el primer tipo de decisiones la democracia es un buen modo de adoptar dichas decisiones, incluso posiblemente el mejor modo, para el segundo la democracia es un claro atentado contra la libertad de elección de las personas pues pudiendo elegir individualmente su propia decisión se ven obligados a aceptar la decisión adoptada democráticamente por la mayoría aunque no sea la suya. Es decir, la democracia es una buena herramienta para adoptar las decisiones que necesariamente han de ser adoptadas de forma colectiva pero es un claro instrumento opresor cuando se utiliza para adoptar colectivamente decisiones que podrían ser adoptadas de forma individual. Es por eso que la democracia se configura como un arma de doble filo, conllevando un peligro que con frecuencia se esconde bajo el halo sagrado con el que se suele presentar a la democracia.

Pongamos un ejemplo acerca de los dos tipos de decisiones y de cómo la democracia afecta a cada uno de ellos. Imaginemos a un grupo de amigos que se reúnen para cenar. La decisión de el lugar donde van a cenar es una decisión que necesariamente tienen que adoptar de forma colectiva, pues como es obvio si cada uno se fuese a cenar a un sitio distinto no estarían reunidos, que es lo que tratan. Por tanto, para adoptar esa decisión la democracia es un buen método: el lugar al que más personas del grupo prefieran ir será a donde vayan, logrando de esa forma la mayor satisfacción para el mayor número de personas posibles. Sin embargo, a la hora de decidir lo que van a cenar, dicha decisión puede adoptarse perfectamente de forma individual por cada persona del grupo sin que esto les impida cenar juntos ni les ocasione ningún otro problema. Si dicha decisión fuese adoptada democráticamente, todos los integrantes del grupo votarían el plato más votado sería el que todos cenarían, y por tanto a quienes dicho plato no les guste (o haya otro que les guste más y prefieran) salen perjudicados de manera innecesaria. Así pues, en este caso la democracia impide que se logre la mayor satisfacción para los integrantes del grupo.


La perversión de la democracia

Situaciones parecidas a las del ejemplo se dan continuamente en la política. Por ejemplo, una calle de una ciudad es una propiedad pública del Ayuntamiento de la ciudad, que a su vez representa a la totalidad de los ciudadanos de ese municipio. Por tanto, las decisiones acerca de lo que se puede hacer o no en la calle (fumar, beber alcohol, ir desnudo, etc.) deben adoptarse necesariamente de manera colectiva, y por tanto que el Ayuntamiento apruebe normativa sobre ello es lógico y admisible. Sin embargo, no ocurre lo mismo cuando el Estado legisla para prohibir que en un local privado se realice determinada acción, por ejemplo fumar. En este segundo caso se está utilizando la democracia para adoptar una decisión que puede ser tomada de manera individual por el propietario de cada local, y por tanto se trata de una clara violación a la libertad de dichos individuos que causa perjuicios innecesarios a un gran número de personas.

Y así es como la democracia se pervierte, cuando se utiliza la misma para adoptar decisiones que pueden y deben ser tomadas de manera individual por cada persona. De esta forma, cualquier cosa se convierte en legal siempre que haya sido votada por una mayoría, aunque viole los derechos más básicos de las personas. La mayoría puede imponerse sobre la minoría, esclavizarla, exterminarla, etc. ya que ésta puede valerse del instrumento de la democracia para adoptar cualquier decisión. Como dijo Thomas Jefferson, «La democracia no es más que el gobierno de las masas, donde un 51% de la gente puede lanzar por la borda los derechos del otro 49%». Lo que en un principio era un buen método para adoptar cierto tipo de decisiones se ha convertido en un sistema de opresión de una mayoría hacia una minoría. Por ello si la democracia se limita al ámbito que le corresponde yo soy tan demócrata como el que más, pero si se extralimita de dicho ámbito entonces seré un antidemócrata… y por desgracia es en esta segunda situación en la que nos encontramos en la actualidad.


Conclusión

En resumen, la democracia es un modo de adoptar decisiones. Es un buen método para adoptar las decisiones que necesariamente han de ser tomadas colectivamente por un grupo de personas, pero cuando se utiliza para adoptar decisiones que pueden ser tomadas individualmente por cada persona se trata de un peligroso instrumento que viola los derechos básicos de las personas y que permite la instauración de una tiranía.

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Re: La democracia, un arma de doble filo

Mensaje por icaro100 el Jue Sep 06, 2012 3:52 pm

La democracia tiene un mínimo irrenunciable sin el cual se desvirtúa: los derechos humanos que, según juristas como Ferrajoli, son sus precondiciones lógicas. Para que haya democracia es imprescindible que todos podamos participar en unas condiciones de capacidad real para reflexionar, exponer nuestro pensamiento, ser escuchados y decidir. Pero sin educación que nos permita conocer la realidad, derechos sociales que nos libren de la explotación y las carencias que rompen el alma y la mente, acceso a los medios de comunicación para que todas las ideas puedan ser igualmente difundidas...no hay democracia. Por eso las acciones destinadas a asegurar los derechos humanos, desde el derecho a la vivienda a la libertad de asociación, son las más legítimas que un Estado puede tomar.
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